La Descarga Cubana es una música distinta (I)
08/09/07 07:45
El colonizador inglés no permitió a los negros esclavos llegados a los Estados Unidos, la libertad del tambor, que en Cuba, en alguna medida permitieron los españoles. El tambor es el tam tam de los tiempos modernos, el sonido que distingue las descargas en la música cubana. “Los percusionistas en Cuba —me dijo el especialista del folclor Tomás Jimeno—, provienen de los secretos y la magia, de los “toques” de ese mundo insondable de la santería. Esos percusionistas son los que llevan la base rítmica de las agrupaciones musicales, los que a la larga, deciden el play de la música, tanto en las congas, como en las agrupaciones o en las descargas”.
Desde los tiempos de la colonia, cuando Nueva Orleáns pertenecía a los españoles (1), desde Cuba se llevaban rumberas que fueron penetrando la música norteamericana del jazz, desde sus orígenes. En esos orígenes también se cuentan la habanera que influyó en el rag time, después van llegando las congas y las rumbas. En la década de 1930 ya se ponen de moda las congas llevadas por Eliseo Grenet, Desi Arnaz y Panchito Riset.
Pero es en la década de 1940 cuando se inicia el huracán musical cubano, especialmente en la Costa del Oeste y en Nueva York. Raúl Fernández en su magnífico libro Latin Jazz, escribe que “lo que creó el marco para el surgimiento del jazz latino en la década de 1940 fue la integración a las orquestas de jazz de los instrumentos mismos de la música de baile tradicional caribeña –las congas en particular, pero también el bongó, los timbales, el güiro y las claves- permitiendo que los sonidos de la percusión afrocubana se mezclaran exitosamente con la música de jazz. El jazz latino o jazz afrocubano como se conocía entonces, se desarrolló en sesiones de improvisación cuando los músicos de varias procedencias observaban y escuchaban las actuaciones mutuas. El amplio caudal improvisador de la música”.
La llegada a Nueva York y a Europa de los instrumentos de percusión, hicieron "cundir el pánico", fue como una especie de herejía a los oídos y la vista de muchos melómanos. Poco a poco se fueron introduciendo, no obstante, hasta que llegaron a las orquestas sinfónicas y hoy están presentes en las mejores orquestas del planeta.
La ciudad de Nueva York fue el epicentro de la explosión, las pistas de baile y los teatros de Harlem y el sur del Bronx fueron los primeros en conjugar la música caribeña (especialmente la afrocubana) y el jazz. Más tarde se extiende al centro de Manhattan y los barrios aledaños. En el teatro Apollo ya tocaban, desde la década de 1930, Alberto Socarrás y Alberto Iznaga. Más adelante, en la década de 1940, surgen el afro-cubop y el mambo, los que llevan a oleadas de músicos y de espectadores hispanocaribeños a integrarse al ámbito del Apollo.
El hito en el desarrollo del jazz latino se establece en la década de 1940 con el “matrimonio” de Mario Bauzá y su cuñado Frank Grillo (Machito) que fundan la banda de Machito and the Afrocubans. “Cuando Gustavo Mas y yo estábamos en Nueva York –expresó el cubano Chico O´ Farrill- y escuchamos a la orquesta de Machito por primera vez, me quedé sin aire. Era la primera vez que escuchaba música afrocubana con un toque de jazz…tan intenso…como el sonido de una orquesta grande con armonías que quedé mudo”.
Este Chicho O´Farril resultó ser uno de los orquestadores que ayudaron en la arquitectura del latin jazz. La orquesta de Machito and the Afrocuban comenzaron en 1940 y en 1943, Mario Bauzá concibe la obra maestra, clásica, insignia del jazz latino: Tanga que estremeció el mundo de la música en Nueva York. “Kenton se presentó…-contaba Machito- nos oyó tocar Tanga y preguntó qué tipo de ritmo era ese. Le dije que le llamábamos rumbita, una improvisación de rumba. Regresó después de unos días con su arreglista Pete Rugolo y ambos le hicieron preguntas a Mario Bauzá el compositor de la obra y a René Hernández sobre la música cubana”.
La nueva sonoridad de Tanga fue considerada por el especialista John Store Robert, como “el hecho más importante para el desarrollo de la música latinoamericana en Estados Unidos”. Es muy bueno difundir estos conceptos de musicólogos extranjeros para que reflexionen algunos sabios de la música que residen en Nueva York y no atribuyan la música de origen y estructuras cubanas a otros países vecinos en el Caribe. Las cosas son como son y no como se dicen a veces. En Nueva York y en muchas ciudades del mundo acontecen muchas cosas en la música, pero en la base de todo ello hay que reconocer la presencia y esencia de los ritmos de Cuba.
La orquesta de Machito and the Afrocubans mantenía las estructuras básicas de los sones, guarachas, rumbas y otros géneros cubanos, con los ritmos, improvisaciones del cantante y estribillos del coro. El estilo pianístico en octavas y los montunos, guajeos y mambos. La estructura básica de los números seguía siendo tema-montuno-improvisación (vocal e instrumental) -estribillo-mambo. Al mismo tiempo Bauzá y su valioso colaborador John Bartee, traían concepciones jazzísticas en los aspectos armónicos, tímbricos y orquestal. La banda pronto contó con una mayor densidad armónica. Con tres trompetas, dos trombones y cinco saxofones, tal como sucedió en Cuba con las bandas de Armando Romeo, Bellamar, Isidro Pérez, Hermanos Castro y otras. La única diferencia era que algunos de los solistas de Machito eran estadounidenses. (Leonardo Acosta/ Descarga en Cuba)
Así fueron fusionándose –ahora que se habla tanto de fusión- poco a poco los elementos jazzísticos y afroantillanos. Como la música de Machito y Bauzá era más negra (cubana) que las otras bandas latinas que actuaban en Nueva York, y también más vibrante y avanzada –los cubanos siempre en la avanzada-, su acercamiento al jazz y a sus músicos fue lo más natural y espontáneo. En la próxima seguimos con el cubop y la descarga cubana en La Habana.
Por: Rafael Lam
07 de Septiembre, 2007
Fuente: CUBARTE
Notas:
1. Nueva Orleans perteneció a la Corona española de 1763 a 1800, en que fue recuperada por Napoleón, para ser vendida luego, en 1803 a los Estados Unidos de América.




