La Descarga Cubana es otra música (II)

musica jazz cuba
Las descargas de jazz en la Cuba de los inicios del siglo XX tenían mucho de mimetismo, de snobismo por lo que venía de afuera. La novedad musical invadía al país. Pero la fuerza rítmica de Cuba, el sello afro de los cubanos, más tarde o más temprano se impone.

Después de los éxitos de Machito and the afrocubans, Dizzy Gillespie, combinó ritmos de baile afrocubano con elementos del bebop, y la improvisación tradicional del jazz, creó una nueva música bailable, la cual bautizó como cubop. A partir de 1947 comienza entre Gillespie y el tamboreo cubano Chano Pozo una alianza de conciertos y composiciones que ya publiqué en el periódico Granma Internacional, donde explicó que la pieza Manteca de 1947 es obra inspirada por el rey cubano y reestructurada por Gillespie. “Yo escribía lo que Chano me dictaba y me tocaba. Mi interés por la música cubana es muy grande –me dijo Dizzy en su segunda visita a Cuba, en la década de 1980-, yo siempre me interesé por las músicas de origen africano, la base y herencia de nuestra raza y de nuestro jazz”.

Tito Puente, en la década de 1950 presentó una enardecedora sección rítmica que incluía bongoseros y tumbadores de primera categoría. Además de contar con la ejecución de los timbales por su propia cuenta. Timbales que aprendió o perfeccionó en Cuba ¿Dónde si no?, en sus muchas visitas al club 1900, a la Playa de Marianao, donde absorbía todo lo que escuchaba y veía del Chori.

“La era afrocubana –explica Max Salazar, uno de los corifeos de la música en New York- fue muy estimulante para los amantes de la música. Se trataba de un movimiento histórico debido a los músicos que vislumbraron y abrieron nuevos caminos. El cubop también contribuyó a la mejoría de las relaciones raciales.

Howars McGhee y Charlie Parker eran afroamericanos. Brew Moore era un músico de raza blanca con raíces judías. Slip Phillips era un músico de raza blanca de ascendencia italiana. Chico O´Farrill era un cubano de raza blanca, Buddy Rich era un músico de Machito y Mario Bauzá y juntos enriquecieron nuestras vidas”.

En toda esta saga musical, los percusionistas cubanos jugaron un papel fundamental, recordemos a Chano Pozo, Candito Camero, Mongo Santamaría, Armando Peraza, Carlos (Patato) Valdés, Francisco Aguabella y José (Buyu) Mangual. Todos tomaban la savia de los ritmos afro con sus tambores que estremecieron a los cimentos de los rascacielos de New York y la Costa Oeste de los Estados Unidos. “Cuando escucho a esos percusionistas cubanos –reconoce el músico chicano Carlos Santana- no oigo las congas, oigo la vida. Cada vez que los escucho, las paredes sudan. Para mí las congas son una voz y a mí eso me fascina” “El ritmo del mambo –adiciona Jack Kerúac- es el latido del Congo, el río de África y del mundo; en realidad se trata del ritmo del mundo”.

Armando Peraza era un de chico de Marianao, La Habana, tocó con el conjunto Kuvabana y fue a residir a San Francisco en 1949. En la Feria Mundial de New York tocó las congas en un pabellón africano junto a un nigeriano. Este africano llega y me dice: “Hombre, ¿de qué parte de África eres? Le dije, soy de Cuba. Expresó: “No me digas”

Candito Camero tocaba el tambor en congas del carnaval habanero, fue a vivir a New York en la década de 1950 y tocó con Dizzy Gillespie. Mongo Santamaría era del barrio marginal de Jesús María, de La Habana, su abuelo era del congo, visitaba las ceremonias de santería. Era pariente de Pello el Agrokán, creador del ritmo mozambique. Conoció a Chano Pozo en La Habana, trabajaron en RL cabaret Tropicana y con Miguelito Valdés. Fueron a New York. En 1963 hizo un grupo de jazz latino en NY, lo catalogaron de “gran loco”. Grabó con Herbie Hancock Watermelon Man y se hizo famoso, empezó a tocar en todos los lados. Siempre quiso conocer al África, de donde procedían sus ancestros.

Patato Valdés aprendió a tocar rumba en los barrios habaneros, fue bailarín, conocía a Mongo Santamaría en La Habana. Tocaba en el Zombie club de La Habana. Le llamaban el “Zombito”. Creó un estilo en el conjunto Casino, puso dos tumbadoras en el set. Le dio el toque negro al conjunto de Roberto Espí, que mucho le hacía falta.

Tata Guines ha sido el seguidor de Chano Pozo, tocó con los mejores, desde la orquesta de Fajardo y sus Estrellas, hasta el salón del hotel Waldorf Astoria. Conoció a Chano Pozo y Arsenio Rodríguez. En La Habana estuvo presente en las descargas y en todos los acontecimientos musicales de su tiempo, hasta los días de hoy. En el próximo capítulo III y final llegaremos a Cuba y sus descargas.
(Agradecemos la colaboración del profesor cubano Raúl Fernández)

Chano Pozo fue el rey de las congas, el mito y la leyenda, el máximo compositor del mundo de la rumba, dejó obras clásicas de la rumba y el latin jazz: Manteca, tin tin deo, Blen blen ble. Chano dejó un concepto musical en el mundo del jazz latino en New York y en el mundo. Fue un rebelde, un músico atrevido, un artista salido del mundo marginal y llevó su música al más alto escalón de la música contemporánea.

“Mis hermanos tenían todos los discos de Machito, Tito Puente y Tito Rodríguez…Vivíamos aquí en California así que teníamos el Hollywood Palladium con bailes latinos como los que habían en el Palladium de la ciudad de New York…el mambo, el cha cha chà, la pachanga y todo eso…Para mí era la música que tocábamos en casa todos los días” (Poncho Sánchez)

Como vemos, los percusionistas y los ritmos cubanos dominaron el siglo XX en América y esa herencia pervive por los siglos, es la esencia de la rítmica que tiene una raíz de milenaria.

Por: Rafael Lam
08 de Septiembre, 2007
Fuente: CUBARTE