El vudú y la santería: las versiones negras de la religión cristiana
09/11/06 09:44
La Razón —
Ángel Sastre
Poco a poco, el pueblo de color, descendiente de los esclavos africanos llevados al nuevo continente, ha realizado una fusión entre los elementos de su religión ancestral (que debían practicar de manera oculta) con la de sus amos católicos, en el área de influencia de las Coronas española y portuguesa. Las más extendidas de estas creencias son el vudú, en Haití, y la santería, en Cuba.
Miles de practicantes del vudú provistos de ron, flores y velas atestan el cementerio más grande de Haití, el Petion-Ville, para llamar a los espíritus sagrados y recordar a los parientes perdidos en una conmemoración pasmosa del Día de Muertos. «La cruz cristiana representa para el vudú el cruce de caminos entre el mundo de los vivos y el de los muertos, por eso para nosotros tiene una doble significación», explica a LA RAZON Jean Augustine, que anualmente acude a su cita en el cementerio.
Religión pagana
Las dos terceras partes de los ocho millones de habitantes de Haití son considerados practicantes del vudú, una mezcla de creencias católicas y africanas que fue traída por los esclavos. El vudú convive actualmente con el cristianismo (representado por la Iglesia católica y por las misiones protestantes norteamericanas) de una forma pacífica, aunque no siempre ha sido así.
La Constitución haitiana de 1987 fue la primera en reconocer la religión vudú como la mayoritaria en el paísy también la primera en reconocerla como oficial junto a la católica. Sin embargo, no fue hasta el 2003 cuando el Gobierno haitiano permitió a los sacerdotes llevar a cabo bautismos y matrimonios.
Paseando por las callejuelas del centro de La Habana, las ventanas permanecen abiertas para combatir el calor caribeño. Por una de ellas se vislumbran varias mujeres de blanco que bailan alrededor de una gallina sacrificada con tambores de fondo.
Durante la colonización, en sus esfuerzos por esconder su religión africana y sus prácticas mágicas, los santeros identificaron sus deidades (orishas) con los santos del catolicismo, dando como resultado un sincretismo religioso conocido hoy como la santería. Un santo católico y un «orisha lucum» son vistos como manifestaciones diferentes de la misma entidad espiritual.
Osvaldo Rincón, el santero que dirige la ceremonia, nos aclara, «Los católicos veneran a los santos comprendiendo que son seres humanos que vivieron heroicamente su fe, murieron y están ahora en el cielo desde donde interceden por nosotros gracias a su participación en la gloria de Jesucristo. Para nosotros, los santos son dioses (orishas) que deben adorarse».
Romper con los ritos
Geraldo Majella Agnelo, arzobispo de São Salvador da Bahianos explica que «muchos africanos tienen miedo del mundo invisible: los espíritus, los ancestros, los genios y otras fuerzas ocultas. Es eso lo que explica el número incalculable de sacrificios que ofrecen para entrar en gracia. Ahora bien, nosotros, cristianos, creemos que Cristo vino a exorcizar el gran temor de los hombres».
La Iglesia ha rechazado en numerosas ocasiones el sincretismo con estas religiones. El Papa Juan Pablo II lo recordó al celebrar el vigésimo quinto aniversario de la constitución conciliar sobre la liturgia: «La adaptación a las culturas exige una conversión del corazón y, si es necesario, romper con los hitos ancestrales incompatibles con la fe católica».
La posición de Benedicto XVI tampoco deja dudas. Basta leer el documento, de su redacción, «Dominus Iesus», donde advierte de la «dictadura del relativismo» y de la necesidad de tener «una fe clara según el Credo de la Iglesia».
Poco a poco, el pueblo de color, descendiente de los esclavos africanos llevados al nuevo continente, ha realizado una fusión entre los elementos de su religión ancestral (que debían practicar de manera oculta) con la de sus amos católicos, en el área de influencia de las Coronas española y portuguesa. Las más extendidas de estas creencias son el vudú, en Haití, y la santería, en Cuba.
Miles de practicantes del vudú provistos de ron, flores y velas atestan el cementerio más grande de Haití, el Petion-Ville, para llamar a los espíritus sagrados y recordar a los parientes perdidos en una conmemoración pasmosa del Día de Muertos. «La cruz cristiana representa para el vudú el cruce de caminos entre el mundo de los vivos y el de los muertos, por eso para nosotros tiene una doble significación», explica a LA RAZON Jean Augustine, que anualmente acude a su cita en el cementerio.
Religión pagana
Las dos terceras partes de los ocho millones de habitantes de Haití son considerados practicantes del vudú, una mezcla de creencias católicas y africanas que fue traída por los esclavos. El vudú convive actualmente con el cristianismo (representado por la Iglesia católica y por las misiones protestantes norteamericanas) de una forma pacífica, aunque no siempre ha sido así.
La Constitución haitiana de 1987 fue la primera en reconocer la religión vudú como la mayoritaria en el paísy también la primera en reconocerla como oficial junto a la católica. Sin embargo, no fue hasta el 2003 cuando el Gobierno haitiano permitió a los sacerdotes llevar a cabo bautismos y matrimonios.
Paseando por las callejuelas del centro de La Habana, las ventanas permanecen abiertas para combatir el calor caribeño. Por una de ellas se vislumbran varias mujeres de blanco que bailan alrededor de una gallina sacrificada con tambores de fondo.
Durante la colonización, en sus esfuerzos por esconder su religión africana y sus prácticas mágicas, los santeros identificaron sus deidades (orishas) con los santos del catolicismo, dando como resultado un sincretismo religioso conocido hoy como la santería. Un santo católico y un «orisha lucum» son vistos como manifestaciones diferentes de la misma entidad espiritual.
Osvaldo Rincón, el santero que dirige la ceremonia, nos aclara, «Los católicos veneran a los santos comprendiendo que son seres humanos que vivieron heroicamente su fe, murieron y están ahora en el cielo desde donde interceden por nosotros gracias a su participación en la gloria de Jesucristo. Para nosotros, los santos son dioses (orishas) que deben adorarse».
Romper con los ritos
Geraldo Majella Agnelo, arzobispo de São Salvador da Bahianos explica que «muchos africanos tienen miedo del mundo invisible: los espíritus, los ancestros, los genios y otras fuerzas ocultas. Es eso lo que explica el número incalculable de sacrificios que ofrecen para entrar en gracia. Ahora bien, nosotros, cristianos, creemos que Cristo vino a exorcizar el gran temor de los hombres».
La Iglesia ha rechazado en numerosas ocasiones el sincretismo con estas religiones. El Papa Juan Pablo II lo recordó al celebrar el vigésimo quinto aniversario de la constitución conciliar sobre la liturgia: «La adaptación a las culturas exige una conversión del corazón y, si es necesario, romper con los hitos ancestrales incompatibles con la fe católica».
La posición de Benedicto XVI tampoco deja dudas. Basta leer el documento, de su redacción, «Dominus Iesus», donde advierte de la «dictadura del relativismo» y de la necesidad de tener «una fe clara según el Credo de la Iglesia».




