La lámpara de calabaza

Olofin había hecho a los hombres y Olorun, el Sol, les daba la luz para que crecieran, trabajaran y con el fruto obtenido pudieran comer y vestir.
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Ochún encuentra una amiga

Ochún había acabado de dar a luz a los Ibeyis y su cuerpo comenzó a perder la forma agradable y tersa que tanto gustaba a los hombres. Ya su vientre no era aquel que tanto se disputaron los más apuestos varones. Se pasaba los días mirándose en el espejo y no cesaba de llorar ni de buscar los más disímiles remedios para recuperar la belleza perdida. Ensayó baños que le recomendaron y se procuró yerbas de distintas procedencias y propiedades. Pero todo resultaba inútil.
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Un amante, dos hermanas

Orula estaba casado con Yemayá, pero en una ocasión que se encontraba en el campo buscando alguno de los ingredientes que necesitaba para trabajar su Ifá, se encontró con Ochún.
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La riqueza de la calabaza -y de la sabiduría

La hambruna estaba acabando con la población de la aldea. Makuaché no sabía qué hacer para mantener a su mujer. Buscaba alguna solución; pero nada hallaba. No se ofrecía trabajo en los molinos ni en los campos; el arroz había sido devorado por la plaga de langostas y los sembradíos de millo habían sido atacados hasta verse sólo unos pequeños tallos moribundos que no tardaron en secarse y expirar por la ausencia de las lluvias...
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