El príncipe que se volvió oricha

Allí encontró un coco seco al que le brillaban dos pequeños ojos y con gran respeto lo recogió, ante el asombro de sus acompañantes, que no entendían cómo un objeto, al parecer insignificante, había logrado apaciguar al inquieto muchacho...
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El fiestero

Transcurrieron varias semanas, las semanas se convirtieron en meses y Obatalá nunca decía cuándo se acababa de ...
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El pacto entre Oggún y Ochosi

Orula les dijo que todo se debía a la mano de Elegba, quien no quería que los cazadores se amigaran sin su presencia. Debían ofrecerle un akukó al dueño de los caminos y hacer rogación con un machete y una flecha para luego llevarlos al monte.
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Eleggua es el primero en comer

Obatalá tenia un hijo desobediente y descreído llamado Nifa Funke, que le daba muchos dolores de cabeza. Desde su escondite en las malezas, Elegguá veia como Nifa maltrataba a su padre de palabra y de obra, y decidió darle un escarmiento.
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Eleggua, el sepulturero

Eran los tiempos en que cualquier dolor se resolvía con hierbas y hasta las enfermedades más extrañas. Se servían de los secretos del monte que una vez en posesión de algún viejo osainista, como definían al yerbero, adquirían cierta carga de magia y de mediación divina. Los osainistas eran conocedores de los misterios de las plantas del monte y por ende eran protegidos por una deidad...
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Las garzas mentirosas

Igüí llegó un día corriendo a casa de Oshún que era su madrina y le contó que Olofin había mandado a las garzas, sus emisarias, a que lo apresaran porque le había robado un obí. Oshún le dijo que no se preocupara, que ella iba a preparar algo que dejaría a las garzas muy sorprendidas. Dicho esto, regó un líquido en la puerta de su ilé.
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