Paz entre dos titanes

Tantos fueron los chismes y tan grande fue la intriga, que los otrora inseparables amigos se disgustaron entre sí....
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Salvaje y enamorado

Oggún era hijo de Yemayá. Por su nobleza, bondad y disciplina, la madre le concedió la gracia de ser el único que podía descargar los barcos, negocio con el que ganó mucho dinero.
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Salvaje y enamorado

Oggún era hijo de Yemayá. Por su nobleza, bondad y disciplina, la madre le concedió la gracia de ser el único que podía descargar los barcos, negocio con el que ganó mucho dinero.
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Intentando quemar una casa

Oggún tuvo un disgusto con Orula a causa de Ochún, la dueña de la femineidad y la dulzura...
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Castigo

Cuando por fin pudo entregar una codorniz en manos del Supremo Hacedor, este le dijo: “Pide un deseo y te será concedido.”
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La lámpara de calabaza

Olofin había hecho a los hombres y Olorun, el Sol, les daba la luz para que crecieran, trabajaran y con el fruto obtenido pudieran comer y vestir.
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Ochún y el majá

Ochún era la esposa de Oggún, el temible oricha del hierro y las fraguas. Un día en que se sentía mal del estómago consultó al dilOggún y le salió que tenía que hacer rogación con ekú, eyá, epó, akukó y poner cuatro trampas en su casa.
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Orula descubre el nombre de Yeyé

Uno de los enamorados era Orula, el dueño de los oráculos; pero como no podía averiguar cómo se llamaba la linda muchacha, le pidió ayuda a Elegba y le dijo: “Averigua el nombre de la muchacha que tiene rotos los corazones de los hombres. Sólo tú puedes conseguirlo.”
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Ochún encuentra una amiga

Ochún había acabado de dar a luz a los Ibeyis y su cuerpo comenzó a perder la forma agradable y tersa que tanto gustaba a los hombres. Ya su vientre no era aquel que tanto se disputaron los más apuestos varones. Se pasaba los días mirándose en el espejo y no cesaba de llorar ni de buscar los más disímiles remedios para recuperar la belleza perdida. Ensayó baños que le recomendaron y se procuró yerbas de distintas procedencias y propiedades. Pero todo resultaba inútil.
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Ochún traslada el tesoro

Ochún debía viajar al campo. Su esposo, Orula, le aconsejó que cocinara ñame, hiciera tres pelotas y pusiera una flecha dentro de cada una.
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Ochún es sorprendida leyendo el diloggún

Ochún, a la que también se le conoce por Iyalodde o Yeyé, era la apetebí de Orula, su esposa legítima y su acólita en los días que el adivino debía consultar el oráculo a petición de sus clientes.
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La protección contra Ikú

En tiempos lejanos, los santos vivían en tierras separadas, con la jerarquía de rey o reina, y eran reconocidos como los más sabios, de tal forma que ningún súbdito podía aspirar a saber más que ellos...
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Iroko da refugio a Yemayá y los Ibeyis

Iroko, que desde su altura todo lo observa, y que en sus ramas poderosas alberga a pájaros de toda clase como el mayimbe...
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Oyá y Ochún son buenas hermanas

En una época muy remota, vivían en una tribu tres hermanas: Yemayá, Ochún y Oyá, quienes, aunque muy pobres, eran felices. La mayor, Yemayá, se adentraba en el mar y pescaba para sostener a las otras dos hermanas...
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Ochún socorre a Orula

En mitad de la selva imaginaria de la tierra de los orishas, vivían Ochún, Oggún, Changó y Orula. Ochún, tan sensual, bella y erótica como liviana, vivía maritalmente con Changó, pero esto no le impedía flirtear con Oggún y con cualquier caminante que se perdiera en ese monte lleno de sorpresas.
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Las garzas mentirosas

Igüí llegó un día corriendo a casa de Oshún que era su madrina y le contó que Olofin había mandado a las garzas, sus emisarias, a que lo apresaran porque le había robado un obí. Oshún le dijo que no se preocupara, que ella iba a preparar algo que dejaría a las garzas muy sorprendidas. Dicho esto, regó un líquido en la puerta de su ilé.
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Ochún, Oshún, Oshun

Ochún u Oshun, la divinidad del río. Orisha mayor, dueña a del amor, de la femineidad y del río Oshun. Es el símbolo de la coquetería, la gracia y la sexualidad femeninas...
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