El alimento de Obatalá

Una vez Olofin convocó a sus hijos a una comida. Todos llegaron temprano y comenzaron a comer, pero faltaba Obatalá... sigue...
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El aché del León

Como no hacía caso de las provocaciones, idearon entonces ir a ver a Olofin para calumniarlo y acusarlo de un comportamiento que no había tenido nunca.....
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En los viejos está la experiencia

Fue así que comenzaron a fabricar muchas casas muy rápido y el pueblo estaba contento, hasta que un día cayó un fuerte aguacero y las casas que habían fabricado los jóvenes se vinieron abajo.....
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Castigo

Cuando por fin pudo entregar una codorniz en manos del Supremo Hacedor, este le dijo: “Pide un deseo y te será concedido.”
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La lámpara de calabaza

Olofin había hecho a los hombres y Olorun, el Sol, les daba la luz para que crecieran, trabajaran y con el fruto obtenido pudieran comer y vestir.
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El rayo, un regalo de Olofin

Olofin mandó buscar a Changó, pero este no quiso ir ante su presencia porque estaba bailando en el güemilere.
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La experiencia de los viejos

Los jóvenes trabajaban con los ancianos en la construcción de las casas; pero no ganaban lo que ellos creían merecer, a pesar de que hacían los trabajos más fuertes y menos calificados. Además tenían que someterse a la dirección de los viejos que, según ellos, eran majaderos e intransigentes. Por eso decidieron separarse y trabajar por cuenta propia.
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La realeza del Loro

Se celebraría una fiesta en el cielo a la que estaban invitados todos los animales. Rendirían homenaje a Oloddumare por su gran sabiduría y el modo con que estaba ordenado las cosas en la tierra. Iban las aves con sus mejores galas, los animales del monte con sus perfumes salvajes y músculos siempre alertas...
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Cómo el cangrejo se quedó sin cabeza

Los animales y los hombres andaban sin rumbo cierto por los caminos del mundo recién creado, cometían actos inciertos sin conocer sus posibles consecuencias. Chocaban unos con otros, se hacían heridas por accidente sin importarles si fluía la sangre sobre la piel, a fin de cuentas tampoco morían; no se amaban, ni se odiaban, ni elegían jefes, ni bailaban, ni hacían música.
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Olofin no aprueba la discordia

Olofin es tan poderoso que hacer el mundo le pareció algo fácil; pero una cosa es hacer algo y otra, que funcione...
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Obi

Obi era un oricha muy presumido y vanidoso. Un día Olofin dió una fiesta a la que fueron todos los orishas del mundo lucumí...
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El nacimiento del mundo —según la cosmología lucumí.

El Dios Todopoderoso, Olofin, se paseaba por el espacio infinito donde sólo había fuego, llamas y vapor que, prácticamente por su densidad, no lo dejaban caminar; pero así él lo quería...
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Los disfraces de Olokun

En la discusión por sus favores, Elegguá y Ochaoko se sacaron los trapos sucios, y Olokun se enteró de los errores que habían cometido. Olokun les advirtió entonces que la tierra tenía que prosperar, que lo malo tenía que acabarse y que tenía que haber tranquilidad...
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Babalú Ayé, ejemplo de abnegación

Era Babalú Ayé un hombre justo, sencillo, bondadoso y humilde, aunque poderoso, conocido no sólo por su fortuna, sino por su capacidad para enfrentar la adversidad sin lamentaciones inútiles, por su buena disposición para no dejarse abatir por los contratiempos. Aunque joven aún, era respetado y escuchado en su tierra. Incluso Olofin confiaba en su sensatez y ecuanimidad....
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Yewá se retira al cementerio

Los framboyanes anaranjados y amarillos; los jagüeyes matizados de verdes y carmelitas; las ceibas cuyas ramas invocaban a Olofin; las rosas, las margaritas, las gardenias, las violetas; las pocetas con lirios que nacían en lo profundo del limo; los ríos con sus cataratas que formaban arcoiris...
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Oyá y Ochún son buenas hermanas

En una época muy remota, vivían en una tribu tres hermanas: Yemayá, Ochún y Oyá, quienes, aunque muy pobres, eran felices. La mayor, Yemayá, se adentraba en el mar y pescaba para sostener a las otras dos hermanas...
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La menstruación

Cuando cazaba algun animal, lo ponía al pie de un árbol para que Olofin tomara de su sangre. Su mujer se dio cuenta que los animales llegaban a casa sin sangre y le peguntó a su marido el porqué. Odé evadió el argumento y ella no quiso insistir.
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Eleggua, el sepulturero

Eran los tiempos en que cualquier dolor se resolvía con hierbas y hasta las enfermedades más extrañas. Se servían de los secretos del monte que una vez en posesión de algún viejo osainista, como definían al yerbero, adquirían cierta carga de magia y de mediación divina. Los osainistas eran conocedores de los misterios de las plantas del monte y por ende eran protegidos por una deidad...
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León

León era un animal manso, pero tan hermoso que la gente lo envidiaba y se metía con él para provocar su furia. Como no hacía caso de las provocaciones, idearon entonces ir a ver a Olofin para calumniarlo y acusarlo dc un comportamiento que no había tenido nunca.
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El mono de las nueve colas

La hija de Olofin vivía triste y nada le llamaba la atención, por más que su padre se esmeraba nunca se dibujaba una sonrisa en su rostro. Un día que salieron a dar un largo paseo por el bosque, divisó entre unas ramas un mono con nueve colas, el brillo de sus ojos recorrió la espesura. Fue tanto su entusiasmo por el raro animal que el padre la ofreció en matrimonio a aquel que lograra capturarlo y traerlo al palacio.
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Las garzas mentirosas

Igüí llegó un día corriendo a casa de Oshún que era su madrina y le contó que Olofin había mandado a las garzas, sus emisarias, a que lo apresaran porque le había robado un obí. Oshún le dijo que no se preocupara, que ella iba a preparar algo que dejaría a las garzas muy sorprendidas. Dicho esto, regó un líquido en la puerta de su ilé.
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Olofin y los viejos

Olofin le regaló a los viejos unos caballos para que hicieran crías y le entregaran una parte, pero no les dio yeguas. Los viejos, sin fijarse, aceptaron el negocio.
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Kolé

Olofin ordenó que Perro y Kolé, el aura tiñosa, se presentaran en su palacio para encargarles una misión.
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Cangrejo se quedó sin cabeza

En una época en que las gentes y animales andaban sin cabeza, Cangrejo fue a la casa de Olofin a pedir cabeza para todo el mundo y así tener con qué pensar. Olofin le contestó que ya él le avisaría el día en que se decidiera a repartir cabezas para todo el que la necesitara.
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